En la actualidad México enfrenta una multiplicidad de desafíos ambientales a cuyo análisis las ciencias sociales no han tardado en responder. Los desafíos pueden tener una manifestación cotidiana ostensible y escandalosa (la contaminación de la calidad del aire en la ciudad de México, la explosión de una planta petroquímica en el sur de Veracruz), pero hay algunos que no son tan visibles o no han recibido la atención que ameritan (la contaminación del maíz nativo, la crisis de los sistemas hídricos, los nuevos métodos de extracción de hidrocarburos). En todos ellos, se hace patente que el Estado mexicano adolece de fallas graves en relación con sus responsabilidades fundamentales: proteger el patrimonio biocultural, garantizar la seguridad de los trabajadores y de las poblaciones que residen en zonas donde se producen sustancias tóxicas, construir sistemas de transporte y movilidad que no generen contaminación y externalidades indeseables, cuidar el patrimonio hídrico del país.

La situación ambiental del país y del mundo, hacen de este un tema importante de estudiar y reflexionar. Por esa razón, en esta entrega de la revista Ichan Tecolotl, hemos reunido una muestra de lo que nuestros científicos piensan en relación a problemas de gran importancia en la Agenda Ambiental del país. La seguridad alimentaria y la gestión de los recursos hídricos son sin duda piezas esenciales de nuestro sistema de vida, pero lo son asimismo los temas vinculados a la calidad del aire que se respira en nuestras ciudades y la seguridad con que se procesan las sustancias químicas y los hidrocarburos que cada día empleamos en nuestro espacio cotidiano.

Ofrecemos a nuestros lectores un texto escrito por Eckarg Boege, investigador del inah plantea los riesgos que implica la introducción de maíz transgénico en los campos mexicanos. Respecto del maíz, apenas es necesario recordar que se trata de un pilar fundamental de las sociedades mesoamericanas. Los agrónomos, biólogos y genetistas del mundo entero no cesan en la actualidad de subrayar la importancia de preservar ese patrimonio biocultural. Los campesinos mexicanos siembran anualmente millones de semillas genéticamente diferentes de 59 razas nativas. En el campo mexicano se maneja cada año 20 veces la biodiversidad que hay en todos los bancos de semilla del mundo.

La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad ha señalado que las empresas trasnacionales que lucran con la producción y comercialización del maíz transgénico, sostienen en la actualidad una campaña para introducirlo en nuestros campos. Sin embargo, esta campaña se encuentra detenida por la demanda colectiva que prohíbe la siembra a campo abierto de maíz transgénico en México, campaña que está sustentada en el derecho —en nuestra Constitución—, en evidencia científica rigurosa y sobre todo, en la fuerza de las comunidades campesinas y sus legítimas demandas. Se trata de una pugna en la que están en juego derechos inalienables: a una alimentación sana, a una producción de nuestro alimento básico (maíz) sin transgénicos y acorde a nuestras culturas, así como a gozar de la biodiversidad natural y agrícola propia de nuestro país, que día a día se inventa, resguarda y regenera por los campesinos mexicanos: vital para nuestra soberanía.

Los recursos hídricos del país se encuentran también sometidos a una gran tensión. El deterioro de nuestros cuerpos de agua puede conducir al país a una situación crítica, en la que las ciudades y los campos se vean sometidos a una gran escasez, agudizada por el cambio climático, con riesgo de colapsar varios ecosistemas y agravar los problemas de salud pública. De ahí la pertinencia de una reflexión como la que propone Daniel Murillo, en cuyo texto se examina críticamente la política hídrica del Estado mexicano.

La reforma energética, por su parte, ha generado un escenario en el cual los impactos ambientales de los nuevos métodos de extracción de hidrocarburos y la privatización de las empresas petroquímicas, requieren sopesarse considerando la dimensión regional. Las áreas donde está contemplada la instalación de proyectos de fractura hidráulica (fracking) son territorios donde tiene enorme importancia el patrimonio biocultural, un bien que es preciso proteger de una tecnología que ya en otros países ha demostrado ser dañina para la salud y el porvenir de los recursos hídricos. La reciente explosión de la planta Clorados III, en el complejo petroquímico Pajaritos, viene nuevamente a plantear la necesidad de políticas de protección civil más exigentes en una región que, históricamente, ha acumulado pasivos ambientales que han causado gran daño a la población que vive en sus inmediaciones.

Los textos aquí reunidos son, pues, una muestra de los grandes retos que nos plantea la problemática ambiental mexicana. De alguna manera, cada uno de ellos nos hace ver que, ante su complejidad, se requiere de una mayor participación de la sociedad civil y de una más amplia discusión con la comunidad científica. Al analizar el tema del maíz transgénico, vemos que ahí se juega el porvenir de la seguridad alimentaria y la conservación del patrimonio biocultural. Al examinar los temas de la contingencia ambiental en el Valle de México, las nuevas tecnologías para extraer hidrocarburos (la fractura hidráulica) y la explosión de una planta petroquímica en Veracruz, vemos que la problemática energética está generando riesgos tanto en la esfera de la contaminación atmosférica como en la de la protección civil y la seguridad hídrica de nuestras poblaciones. Se trata, sin duda, de asuntos que merecen la máxima atención y que suscitan la necesidad de llevar el debate de la política ambiental a una esfera pública más informada.